Se acerca el Día del Padre y empiezan a florecer esos recuerdos de nuestra infancia de paseos familiares con nuestros “tatas”. Los paseos a la playa, a la poza del pueblo donde vivían los abuelos o para algunos donde la familia tenía una quinta donde se iba a vacacionar. Recuerdos del “viejo” llevando el carro de la casa al mecánico para asegurarse que no nos dejaría botados subiendo “El Aguacate” o allá por “Cambronero”.  Los recuerdos de papá apurándonos para poder salir temprano y evitar las presas y preguntándole a mamá “si no faltaba nada”.  Otros corriendo para llegar a la estación del bus o del tren lo más temprano posible y así evitar las largas filas que seguro irían creciendo conforme pasara el día. Recuerdos de noches de canciones alrededor de una fogata y papá cantando acompañado de su vieja guitarra o contando chistes “rojos” de esos que a los chiquillos sonrojaban y a los mayores hacían reír a carcajadas. Recuerdos de papá conduciendo largas horas en esas filas interminables de vacacionistas que regresaban a casa mientras el resto de pasajeros dormíamos o en silencio disfrutábamos de la caravana de luces rojas que brillaban en la noche zigzagueando entre las montañas de San Ramón o de Atenas. Hoy esos no son más que recuerdos de nuestra infancia.  Hoy nosotros somos el “viejito”, el “tata” hoy somos “mi viejo” y entonces nos preguntamos ¿Cómo puedo ser un mejor papá?

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En la actualidad los niños, los jóvenes (especialmente los citadinos) en muchas ocasiones no conocen lo mucho que se disfruta al aire libre. El andar a caballo, bañarse en  una poza, caminar entre la selva escuchando las aves cantando y nosotros tratando de divisar algún animal salvaje que se esconda entre la espesa vegetación.  Subir una montaña por la única razón de estar ahí y con la única recompensa de poder disfrutar de algún paisaje que nos haga soñar con viajes a tierras lejanas, viajes llenos de aventuras.  Ellos a diferencia de muchos de nosotros están más interesados en sus celulares, sus tablets, pantallas LED o aparatos digitales del momento. Es entonces cuando sugerimos el acampar como una actividad que nos puede convertir en mejores padres por diversas razones: La responsabilidad compartida. El trabajo en equipo. La planificación. El confiar en cada uno. Horas enteras sin aparatos electrónicos. Tiempo para conversar. El compartir historias. ¿Va captando la idea? No se necesita ser un Guaria Morada (aunque no caería mal serlo) para poder llevarlo a cabo, pero es necesario tener buena disposición y planear con anticipación.

únase con otro papá o planéelo por su cuenta, pero estas son las razones por las cuales acampar le puede ayudar a ser un mejor padre:

Planearlo juntos: No importando la edad de su hijo o hija, pueden planear el viaje juntos. ¿A dónde ir?  ¿El menú? ¿Actividades? Involucre a sus hijos con preguntas como ¿Qué será mejor para evitar los mosquitos? ¿Qué te parece si vamos a X o X lugar? ¿Me ayudas a planear el menú?

Responsabilidad Compartida: Entre las labores que se pueden delegar están: a) el acarrear agua, b) asegurarse de que todos los focos/lámparas estén funcionando y se disponga de suficientes baterías o cilindros de gas de reemplazo, c) hacer inventario del equipo, etc. Mucho de esto depende de la edad y las habilidades de sus pequeños, pero el contar con ayuda y el asignarle responsabilidades a sus hijos realmente hacen mucha diferencia en las relaciones padre-hijos.

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Cero aparatos electrónicos: Y esto va tanto para usted papá como para sus hijos. Vayan a senderear, métanse al agua, organicen una búsqueda del tesoro,  recojan leña, cuénteles historias de cuando acampaba con su papá y si nunca lo hizo hábleles de los paseos familiares antes de la llegada de la era digital. Desempolve esas viejas historias de miedo que contaba el abuelo o la abuela o lleve sus binoculares y hagan un conteo de aves.

La vida al aire libre: Nada mejor que acampar, el conversar alrededor de una fogata, del fuego, ese elemento unificador que ha sido esencial en nuestras vidas desde el Homo Erectus y que ha permitido evolucionar a lo que hoy somos. El estar bajo las estrellas, beber rodeado por la naturaleza nos conecta con aquello esencial al ser humano y nos predispone a conversaciones mas profundas acerca del sentido de la vida.

Historias épicas: Prepare sus preguntas “rompe hielo” como “Cuando ves al cielo, ¿En qué pensas?”, ¿Vos crees que al abuelo le hubiera gustado venir? ¿A donde iremos a acampar la próxima vez? ¿Cuanto habran tardado en crecer los arboles que nos rodean? ¿Cuanta gente estará disfrutando de estas estrellas en este momento?

Cuéntenos, ¿Cual es el mejor recuerdo que tiene de acampar con su papá?

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Basado en: How Camping Could Make You a Better Dad, Derek Maul, www.prodad.com

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